ojos

El brillo que hay en tu mirada

 Autor: Miguel Ángel Beltrán Arias -2015-

 

Cuantas veces quedé absolutamente desconcertado al tratar de descifrar aquel brillo que reflejaba tu mirada en los momentos más sublimes del amor… ¿será anhelo? ¿ será entrega? ¿será amor abnegado?, cuántas cosas pensé alrededor de este sutil detalle y en ninguno de ellos acerté.

Mas, pasó el tiempo y se juntaron algunas líneas sobre la piel de nuestras manos y ese brillo, ese brillo allí, colgado con sublime insistencia en lo más alto de tus pupilas seguía gritándome en las noches: “¡Ven!” mientras tus labios destilaban aromas dulces con delicados matices de frutas cosechadas en algún país lejano. Pasó más tiempo aún y entonces tus manos se estiraron a través de la distancia y el solo roce de tus dedos bajo mis ropas desencadenó nuevamente el temblor, el rubor, el calor y el fuego incinerante y tan perfecto como el que consume a las estrellas y hierve en el centro de los planetas volcánicos.

Mi lengua hurgó entre tus pliegues encontrando una perla de nácar inmaculada y brillante, como una versión miniatura de la mismísima luna. Busqué insistente cada vez más dentro de ti hasta que finalmente, las olas cristalinas de tus playas se erizaron eléctricas y furiosas como lo hiciera una tormenta en el centro mismo del océano y luego toda esa fuerza, esa vorágine de piel enrojecida y trémula cayó transfigurada bajo la forma de plácida espuma de mar sobre la arena húmeda.

Las huellas de mis pies descalzos se pudieron ver todavía por un tiempo, paso a paso se podía reconstruir un camino sinuoso y delicado, hasta que poco a poco las mareas fueron borrándolas de tus playas, al pasar los días, los meses y los años el recuerdo se había ido y ya solo la marina brisa susurraba en el oído sensible de los amantes furtivos, aquella historia, dejando en el final tres eternos puntos suspensivos junto a un profundo suspiro…

Al escucharla, los amantes mirarán el horizonte y preguntaran por nuestros nombres y las olas transportarán todas sus inquietudes hasta el fondo del océano, donde reinan la oscuridad, las algas y el silencio, donde se guardan finalmente todos los secretos, y entonces el brillo de tus ojos se alzará triunfante sobre tus dos negros estandartes y su luz radiante me despertará, sediento como siempre de tu boca, anhelando tomarte de las manos para llevarte una vez más, lejos de aquí.

 

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