El paisaje imposible

Autor: Miguel Angel Beltrán Arias – 2016 –

 

“When they kick´n at

Your front door,

How you gonna come?”

 

I

 

Hice una zanja en el cuerpo corrompido que heredé de mis padres y de allí desenterré mi estupidez; Para no tener que cargarla más sobre mis hombros, para no llevarla más en mi mirada.

Concreto que nunca sirvió para nada bueno, piedras arrancadas horriblemente de lo que era una hermosa colina, bolsas plásticas y envolturas de sabe dios qué cosas… Todo eso lo removí a sangre y piel con las manos desnudas y sepulté, sin ceremonia ni culpa en la tierra.

Ahora, recorro el bellísimo paisaje de mis sueños. Secuencia absurda e inconexa de vuelos nocturnos y manos abiertas; De amores, colores y aromas que encajan unos dentro de otros como en una infinita sucesión de muñecas rusas…

No tengo razón. Represento sobre un escenario oscuro, frente a una platea vacía, el papel de alguien desconocido… Y no me marcho. Muy por el contrario imprimo a cada inflexión del guion toda mi energía y mi voz es un eco omnipresente que pretende aturdirme y no cesa, hasta que mis manos caen fulminadas sobre el rojo tapiz al borde de un abismo y lentamente, el mismo sueño empieza otra vez.

II

 

Abro mis ojos y cubro avergonzado mi cuerpo. Apresuradamente me refugio en mi sórdida ciudadanía. Coraza inmunda que me permite salir a las calles y regresar exhausto con un pedazo de pan que comeré luego a escondidas.

No hay nada más para mí aquí; Solo una hoja de papel y un poco de tinta esperan pacientes a que les devuelva la vida.

Ruidos de motores se entremezclan ininterrumpidamente con bocinas, ladran enloquecidamente los perros, las mujeres gritan. Penetro lentamente en la oscuridad y espero con los ojos bien abiertos a que llegue el nuevo día…

III

 

Algún día se volverán a cruzar nuestros caminos y no recordaré nada de ti. No me guardes rencor, solo extiéndeme tu mano y volvamos a empezar, pues no hay otro principio que el ahora y no hay tampoco otro final.

Serán entonces cristalinas nuestras lágrimas y brillantes nuestras sonrisas y me abrazaré a tu mano como se aferra la niebla a la ribera de todos mis ríos y seré feliz por la eterna fracción de ese segundo.

IV

 

Guardo muy pocos recuerdos y uno de ellos es el despertar lenta, muy lentamente y sentir la tibieza de tu cuerpo a mi lado. Mi cuerpo adormecido todavía por el sueño recorría de memoria el onírico paisaje de tu piel: Altísima y majestuosa como una montaña que alcanza las nubes se levantaba la punta de uno de los dedos de tus pies y verde y fresca se extendía la llanura entre tus ríos; Tus hombros eran una blanca y muelle almohada y entre tus pechos mis manos dibujaban con fuego el conjuro para detener el tiempo y atrapar este momento en una botellita de cristal.

V

 

Hubo un tiempo en el que fui esclavo de tu cuerpo y mi piel se desgarraba bajo el yugo de tu deseo. En la oscuridad solo veía tu rostro deformado por la angustia y la pasión y adoraba tu furia y tu lengua animal.

Hubo un tiempo en el que nací poderoso y te tuve entre mis manos empequeñecida y frágil, descalza y de tul; De tus ojos brotaba un pequeño rio y en sus aguas cristalinas se reflejaban pacíficos cielos venideros… pero, detrás de tus pupilas guardabas el recuerdo de mi vida anterior.

“Quizás he dejado de ser tu esclavo, pero aún te pertenezco”.

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