Cangretooven

Cangretooven

 

Autor: Miguel Angel Beltrán Arias -2014-

 

Aquella tarde, al caer el sol e idos todos los bañistas, entre las verdes oquedades de las rocas asomó su naranja coraza el altivo cangrejo. Lo vi claramente desde mi nuevo escondite: aquel tonel que encallara hace algunas semanas entre las piedras.

Lentamente, a medida en que el sol iba ocultándose, el enhiesto cangrejo levantaba aquel par de impresionantes tenazas y subido en lo mas alto de una roca dirigía ya pausado, ya enérgico, una larga melodía frente al sol, el cual parecía también encenderse al ritmo que imprimían las tenazas a aquella inaudible sinfonía.

De pronto, suaves arpas emergían entre cornos lejanos, para acompañar en su cadencioso ritmo a una gran fila de violines, oboes y flautas, todos vivaces y coloridos…

Con el último rayo de sol, el último rizo de los timbales se desvanecía y el señor cangrejo alargaba aquella nota con los ojos cerrados hasta el infinito.
Luego, recuperaba su postura y caminando titubeante aún, como herido por el rayo de aquella mágica melodía, se perdía otra vez entre las rocas a esperar que mañana llegue un nuevo día…

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