wolf and woman

Las Crónicas del Lobo Aullador

 

Autor: Miguel Angel Beltrán Arias -2014-

Imagen de portada: Eme&Eme diseño -2014-

 

Debo confesar, que a mitad de la noche este lobo aúlla amargamente prolongados cantos sin consuelo; y que en las noches de llovizna, se esconde bajo los árboles, entre los arbustos más oscuros y alejados de las calles, tan solo para ver entre la negra penumbra, un pedazo de cielo. Y que nunca es más felíz que con el cielo limpio y despejado del invierno, cuando entre los dedos de los arboles desfoliados se alzan majestuosas en su distancia, la luna y su millón de estrellas.
Confieso además, que toda aquella exultante belleza arranca de mi entraña animal, los aullidos mas profundos y desgarradores y que solo en medio de la noche y bajo aquella diamantada bóveda estelar, me siento completo, inmenso y absolutamente mortal.

Y que es así como pronuncio tu nombre: Sólo y en medio de esta fría oscuridad.

Mas brilla en mí, una pequeña gran alegría; la de saber que te tuve entre mis garras y te entregué mi corazón rendido, abierto de par en par y sumiso por completo a la voluntad de las mareas de este inmenso amor.

Sin tener certeza de nada, de si volverá tu sonrisa a brillar otra vez en mis pupilas o si por el contrario, quedaré perdido en medio de la cruel distancia que de ti me separa, solo atino a levantar mi mirada y dejar salir lentamente de entre mis labios TU NOMBRE, que se eleva como una mota de frágil algodón, se mece y vuela hacia las alturas llevando mis ansias y mi sed.
Y me gustaría compartir esta sed contigo… y me gustaría soñar que tú has escrito para mí estas líneas, al otro lado de la tierra y al pie de tu ventana en una noche como ésta, en donde oscuros girones de nube te maniatan y sujetan, y expectante presencio tu lucha y tu esfuerzo por ser libre, por elevarte y señorear sobre la mitad del mundo que te pertenece…

Esta noche te pertenezco, pues tan pequeño como soy, he visto la gran revelación de tu cuerpo, tu engrandecimiento más allá del horizonte y finalmente tu radiante coronación.

Te pertenezco, pues mis ojos se han llenado de tu azulada luz y no tengo más remedio que adorarte y rendirme una vez más a tus pies.

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